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Opúsculo

San Juan Street Art 2010

“Y aquí estamos ante este inmenso monstruo que llamamos la Postmodernidad donde todo está permitido – “everything goes”- y que nos acerca, cada vez más, mediante antiguos y nuevos discursos visuales a nuestras vulnerabilidades y a nuestras fuerzas más necesarias, a los vacíos más temibles y a nuestros vuelos más inimaginables.”[1] Esta cita resume lo que se experimenta en San Juan Street Art 2010; un evento postmoderno que nos toca. Fugaz, versátil, y voraz, San Juan Street Art, nos hace sentir en cada momento las disyuntivas que definen nuestros movimientos sociales y el sentimiento general del pueblo en cuanto a las decisiones de nuestro gobierno.

El pasado 8 de octubre se llevó a cabo la muestra, en la que un colectivo de 52 artistas de Puerto Rico y E.U. intervinieron diferentes lugares alrededor del casco de la capital con obras pasquinadas. Como requisito, las obras debían estar enmarcadas, jugando así con el antiguo pensamiento de que las obras de arte son solo aquellos lienzos o telas que constan del marco tradicional y que los enaltece respecto al resto de los objetos que nos rodean. Sin embargo, varios de los artistas no pudieron ponerlos debido a la prisa y el deseo de no ser detenidos por la policía…

La actividad tuvo como primer propósito la difusión del arte contemporáneo y proveer un foro para las expresiones e inquietudes de los artistas. Por esto toma como espacio el principal centro turístico y sede de la escena del arte local, siendo San Juan cuna de de los primeros talleres de los maestros del arte puertorriqueños. La fugaz exhibición es como segundo propósito un homenaje a la generación del cincuenta que, según Mercedes Trelles Hernández en La Pintura, el gusto y la historia: reflexiones en torno a la historia de la pintura puertorriqueña, es una generación que:

“se interesa también en medios de gran difusión, como la gráfica, que tiene la potencialidad de llegar a bajo costo a un gran número de personas y el mural,… La generación del cincuenta define una nueva forma de hacer arte puertorriqueño: sus obras tienen corte moderno, pero atemperado, que incorpora temas del trabajador urbano y la justicia social. Además esa generación utiliza medios como el grabado y el mural en su búsqueda de un arte con impacto social.”

La esencia de los carteles y las gráficas, característica de los años cincuenta, era ser medios de cohesión y educación a la comunidad para fomentar el arte y las actividades culturales que en aquel entonces eran auspiciadas por el gobierno. Sin embargo, en nuestra época la disposición de nuestro gobierno no es la misma, porque el arte no es elegido como una prioridad. Surge de este homenaje la exigencia de que la cultura sea primordial para nuestros líderes políticos y que se respeten las maneras urbanas de expresión. Después de todo, si es permitido pasquinar la propaganda electoral de los candidatos políticos, debe ser permitido pasquinar la representación de la opinión del pueblo.

Además de ser una actividad cultural innovadora, San Juan Street Art fue una reafirmación del “graffiti” como género artístico. La muestra funcionó como contestación a la ordenanza municipal #44 del alcalde Jorge Santini, aprobada el 2 de junio de 2006, en la que se decreta una multa de mil dólares o citación a corte a los que pasquinen en cualquier área de la ciudad o propiedad del gobierno. Los artistas, burlando la ordenanza, pasquinaron como muestra de creatividad y para expresar su derecho a la libre expresión. Aún así, la censura persistió, dando de qué hablar cuando desapareció una de las obras – imagen de dos policías apuntando con pistolas a un ciudadano, cubierta con el mensaje: “cuando se grande quiero ser policía” – la cual fue removida por oficiales a las 3:30am. La actividad fue más meritoria si se toma en cuenta que, “casualmente fue la noche escogida para inspeccionar los negocios, en especial los de bebidas alcohólicas…”.[2]

Cabe recalcar que se expuso trabajo de mucha diversidad: obras figurativas, abstractas, surrealistas, expresionistas, “graffiti” y otros. Desde diferentes gustos, técnicas y perspectivas, los artistas manifestaron sus opiniones y reclamos acerca de la sociedad puertorriqueña. “Estamos hablando de un grupo de artistas que ven como un hermoso reto redefinir los espacios convencionales/tradicionales/”lógicos”. Estamos ante un grupo de artistas para los cuales la intertextualidad y la pasión, la originalidad y el “main stream”, la fama y el anonimato se pueden convertir en el mismo lado de la moneda con un solo lado.”[3]

Se presentaron obras mayormente críticas, aunque algunos artistas siguieron su propio compás estético. Una de ellas presentaba una apropiación de El Pan Nuestro de Ramón Frade (1905). La obra en cuestión presentaba al jíbaro, pero esta vez agarrando una lata de pintura y una brocha bañada en el verde con el que se pintó el racimo de plátanos que le acompaña colgado a su lado, con un paisaje de racimos trazados con la misma pintura. Como en la obra de Irizarry, La transculturación del puertorriqueño en la cual “la gráfica funciona como metáfora de la pérdida de nuestra humanidad que conlleva el proceso de asimilación y transculturación”, representado mediante elementos visuales de la industrialización, [4] en esta pieza se relaciona la identidad campesina y “auténtica” del jíbaro, con el “graffiti” o el mural.

Este evento de arte fue organizado de tal manera que desplegó la crítica social en yuxtaposición con las necesidades artísticas urgentes que tiene Puerto Rico actualmente. Primeramente expuso la fusión de perspectivas y preocupaciones de los artistas acerca de nuestra realidad contemporánea, tales como el ELA, la fuerza de choque, el uso de “pepper spray” en la Avenida Universidad, las vacunas dañinas, el desacuerdo con las decisiones de Santini y la búsqueda del dinero. En segundo lugar, lanzó al pueblo la alternativa de que el arte sea una forma de comunicación directa para nombrar la problemática del país. Por último propuso una nueva manera de utilizar espacios para exhibir arte. Ante la eliminación de eventos artísticos como pasó con las antiguas Noches de Galería y ahora con la feria de arte Circa, ante las restricciones que ha mostrado esta gobierno a la libre expresión, San Juan Street Art mostró una forma de hacer arte y crear conciencia sobre arte y política a la vez.

San Juan Street Art cautivó la atención de los medios de comunicación, tanto como el de las comunidades. “Uno de los motivos por lo cual fue exitosa es que transeúntes ajenos al evento se detuvieron a observar y fotografiar las obras.”[5] Fue una noche memorable, que planteó un llamado a la valorización del arte (algo que nos hace mucha falta). En mi opinión, fue una manera altamente exitosa de retomar la estrategia de alimentar al pueblo con lo que le hace falta. Presenciamos una crisis cultural descomunal y un desinterés masivo por las artes, que proviene de la falta de importancia hacia el desarrollo social y cultural de parte de nuestra administración gubernamental. Iniciativas como ésta son no sólo necesarias sino indispensables.

Más info e imágenes:

http://www.thefractal.net/2010/10/san-juan-street-art/

[1] Manuel Álvarez Lezama, Los Artistas que se establecen en la década de los 90: Nuevas mirads, nuevos retos, pág. 60

[2] Lilliam Nieves. San Juan Street Art. Octubre 10, 2010. Trance Liquido.com. http://www.tranceliquido.com/san-juan-street-art/

[3] Op. Cit.

[4] Marimar Benítez. Arte y política: el caso de Carlos Irizarry. 1985. Pág. 122

[5] Ibíd. Lilliam Nieves.

Ariana M. Cintrón

29 de noviembre de 2010

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